Por Ramón Peralta El desfiladero es constante. Líderes comunitarios, dirigentes perremeístas de todos los niveles, aliados políticos y referentes religiosos convergen a diario en la oficina de Manuel Jiménez con el clamor de que regrese a la Alcaldía de Santo Domingo Este. No se trata de un arrebato de nostalgia, sino de la respuesta desesperada ante el desastre financiero y el colapso sanitario al que la actual administración ha arrastrado al municipio más poblado del país. Resulta insólito el nivel de retroceso. El actual alcalde heredó un ayuntamiento financieramente holgado, con más de 90 millones de pesos en cuentas bancarias, provisiones operativas garantizadas por seis meses, una deuda tres veces menor que la encontrada por su antecesor en el 2020 y la flotilla de camiones nuevos más grande de la historia municipal. Hoy, esa bonanza fue sustituida por el caos. Las avenidas principales y los entornos escolares lucen convertidos en vertederos institucionalizados donde cajas y contenedores desbordados no solo entorpecen el tránsito, sino que convierten cada esquina en un foco de contaminación y criadero de ratas. El deterioro no perdona a nadie. El Cuerpo de Bomberos, que llegó a ser un modelo nacional de eficiencia, opera hoy como un cementerio de equipos. Con más del 60 % de su parque vehicular fuera de servicio, los pocos camiones operativos enfrentan una odisea para atender una emergencia por los entaponamientos causados por las cajas basura en las vías y la proliferación indiscriminada de reductores de velocidad, la respuesta a los incendios se ha vuelto letalmente tardía. A este cuadro de ruina se suma la asfixia de la cooperativa municipal por la retención indebida del dinero de sus socios, el descalabro de los cementerios, funerarias y mercados, una preocupante opacidad en el manejo de los recursos y el descontento de las propias bases del partido oficialista, que acusan al alcalde de darle la espalda a la dirigencia y de faltar a los principios que pregonó. En medio de esta tormenta, el referente obligado vuelve a ser Manuel Jiménez, cuya gestión entregó una institución con recaudaciones triplicadas, deuda reducida y un parque vehicular sin precedentes. Paradójicamente, sectores y dirigentes que en el pasado lo adversaron hoy tocan a su puerta para ofrecerle respaldo y pedirle que asuma nuevamente la candidatura. La realidad política de Santo Domingo Este es categórica, ya que el nivel de desgaste de la presente gestión es tan severo que la permanencia del PRM en la plaza municipal pende de un hilo. Dirigentes y munícipes coinciden en que, sea con Manuel Jiménez o con otra figura capaz de unificar y rescatar la dignidad del municipio, el partido tendría posibilidades de retener la plaza. Con la continuidad del actual alcalde, el naufragio está garantizado Navegación de entradas Castillo me representa, y le da voz a Santo Domingo Este